7. Materialismo Filosófico 1SB Copy

Posición filosófica crítica, que considera a la materia como principio, origen y causa de todo lo existente El término fue utilizado por primera vez en 1647 por Robert Boyle en The Excellence and Grounds of the Mechanical Philosophy y fue adoptado por los philosophes (Condorcet, Condillac, Diderot, Helvetius, Voltaire, etc.) de la Ilustración en el siglo XVIII para designar su posición naturalista en física y fisiología, su crítica radical a la religión, su moral hedonista y su oposición a las convenciones educativas y morales del Antiguo Régimen. El materialismo filosófico clásico sufrió los efectos del criticismo de Kant y del idealismo a lo largo del siglo XIX como lo prueba en Alemania la llamada «disputa del materialismo» (Materialismusstreit), que provocó la consolidación de distintas variedades de materialismo: fisicalista, fenomenista, moral, histórico, dialéctico, etc. Es imposible dar cuenta de las variedades teóricas del materialismo, que se han ido multiplicando en el siglo XX a medida que se iba refinando nuestro conocimiento científico de la materia y del Universo. Sin embargo, el carácter originario e inderivable de la materia estuvo asociado desde la Antigüedad con el atomismo cosmológico (Demócrito, Epicuro, Lucrecio, etc.). Desde que los átomos dejan de ser “indivisibles” y no figuran como los últimos componentes de la realidad, el materialismo cobra un aspecto más metodológico y en todas sus variedades (positivista o marxista) subraya la primacía ontológica de la materia frente al espíritu y la prioridad del conocimiento científico (experimental y teórico) frente a
otros tipos de conocimiento: religioso, místico o extrasensorial.

Variedades ónticas del materialismo.- Las diversas concepciones de “materia” han dado lugar a una gran variedad de sistemas materialistas. «Materialismo» quiere decir cosas diferentes en cada contexto. Distinguimos tres grandes contextos, según relacionemos la Idea de Materia con el Mundo, con la Idea de Dios o con el Sujeto cognoscente.

En el contexto más inmediato, el óntico, que contempla las relaciones de la Idea general de materia con las distintas realidades que pueblan el «mundo», tal como se nos aparecen, destacamos grandes tipos de materialismo.

1) El materialismo cosmológico hace de la materia el origen del universo y la postula como sustrato o fundamento de toda realidad. Su variante “mecanicista” añade a la distribución de las partes materiales en el espacio (cuerpos, átomos, masas, etc.) la existencia de fuerzas capaces de moverlas y combinarlas, sin necesidad de apelar a causas finales o a poderes espirituales. En esta forma se presentó el materialismo antiguo de Demócrito y Epicuro, el materialismo iluminista clásico del siglo XVIII y el positivismo decimonónico. La tradición energetista en física llevó a G. Ostwald, sin embargo, a proclamar la inutilidad del concepto de materia y la superación del materialismo científico (1895). Pero, una vez reconocida la equivalencia entre masa y energía por la teoría de la relatividad de Einstein en el siglo XX, pareció resucitar la idea cosmológica de materia a través de la idea de «campo
de fuerzas» (1938), que usan todos los modelos astrofísicos. Pero hay más. En 1932 fue detectada por el astrónomo Jan Oort un tipo de materia que ejerce fuerza gravitacional sobre los cuerpos visibles, aunque no emite ni absorbe luz. Antes de 1980 se pensaba que esta “materia oscura” era materia ordinaria en alguna forma no detectable como gas, estrellas de baja masa y cadáveres estelares del tipo enana blanca o agujero negro. Los cálculos astrofísicos, además de establecer que la materia oscura constituye el 90% de la masa del universo, sugieren que está formada por neutrinos o alguna forma más exótica de partículas aún no descubierta en los laboratorios de altas energías. Aunque no sabemos de qué está compuesta, la materia oscura distribuida por todo el Universo sigue la estela del viejo materialismo cosmológico.

2) El materialismo antropológico se centra en explicar la naturaleza humana a partir de sus componentes físicos o fisiológicos. Al distinguir tajantemente la «res cogitans» (o alma) de la «res extensa» o cuerpo, Descartes contribuyó directa (aunque involuntariamente) a la difusión del materialismo antropológico en la modernidad. La tesis de la materialidad del alma fue tópica en la literatura clandestina de los libertinos y sirvió como punta de lanza de la Ilustración contra la tradición cristiana. Los descubrimientos médicos y fisiológicos que mostraban la dependencia de las funciones espirituales respecto de sus condiciones anatómicas y orgánicas, permitió al médico J.O de La Mettrie trazar una historia natural del alma (1745) y formular la famosa tesis del «hombre máquina» (1748) y a David Hartley defender la indisocialibilidad de pensamiento y sensación (1749). Tras ellos, el barón D’Holbach reafirmó el carácter natural de las realidades humanas: «Al igual que los árboles que producen frutos en función de su especie, los hombres actúan en función de su energía particular y producen frutos, actos y obras igualmente necesarias» (1770), hizo una crítica a la religión, propuso una ética del placer y una política de la solidaridad y el interés común. En la misma línea C.A. Helvetius formuló un programa ético basado en el amor propio y la utilidad y recurrió a la educación para efectuar una síntesis del interés público y privado. En este contexto ideológico se produjo la Revolución Francesa que para la generación “ilustrada” de Kant significó un espaldarazo definitivo a la creencia de que «el género humano se ha mantenido siempre en progreso y continuará en él». El modelo de materialismo reduccionista y fisiologista cobró fuerza en Alemania con Kart Vogt para quien «el pensamiento es con respecto al cerebro lo mismo que la bilis con respecto al hígado» (Köhlerglaube und Wissenschaft, 1854), se afianzó gracias a la teoría de la evolución de Darwin (1859) y alcanzó madurez en las obras de Th. H. Huxley (1863; 1882) y Ernst Haeckel (1868/1899). Este último añadió al materialismo científico un componente practico de tipo moral, que pone el objetivo de la vida en el bienestar corporal, el placer y la salud: «el materialismo moral o ético, en sentido propio de la palabra, es una dirección
práctica de la vida que no tiene otro fin que el goce sensible más refinado». Esta versión del materialismo fue tildada de «vulgar» y «dogmática», pero jugó un papel importante en la refutación de las creencias en espíritus y realidades abstractas y trascendentes. Albert Lange (1866) lo critica por su falsa pretensión de extender el saber humano más allá de ciertos límites. Al dar valor objetivo a sus constructos imaginativos este materialismo antropológico se habría convertido en una «metafísica». Frente a esta crítica Paul Kurtz ha reformulado en su Eupraxophy (1988) un materialismo antropológico más resistente a las “tentaciones trascendentales” (1866), que compatibiliza el humanismo con los avances científicos del siglo XX (1991).

3) El materialismo histórico es el nombre que F. Engels aplicó a la interpretación histórica del desarrollo social propuesta por Karl Marx en el conocido Prefacio de 1859 a la Crítica de la economía política. Establece que las condiciones materiales de existencia (técnicas de trabajo y producción, relaciones de trabajo y producción) son la base sobre la que se erige la imponente superpestructura de las sociedades reales (su organización política, su derecho, su filosofía y su religión). No se trata de un determinismo económico, sino de una relación dialéctica o circular, pues la ideología conforma y moldea las propias condiciones materiales de existencia.

En este sentido Marx mismo demostró en El Capital (Vol. I, 1867) que los conocimientos proporcionados por las Ciencias Naturales se habían convertido en las fuerzas productivas básicas de la nueva sociedad industrial. Marx llamó “modo de producción” al conjunto de las condiciones sociales y de los elementos técnico materiales de una sociedad. Las relaciones dialécticas entre las distintas fuerzas productivas y las diversas relaciones de producción dan lugar a la sucesión de distintos “modos de producción” (desde el “esclavista”, basado en la mano de obra esclava, hasta el “capitalista”, basado en el trabajo asalariado).

Marx y Engels dotaron al concepto de materia de una complejidad real y de una pluralidad objetiva, que le apartaron del subjetivismo, al tiempo que subrayaron su carácter dinámico y evolutivo. En este sentido, para el materialismo histórico (Hismat) la conciencia no es el principio determinante de la historia humana, sino un resultado de ésta, que carece de cualquier privilegio. Esta “vuelta del revés” (ümstulpen) de la filosofía de la historia de Hegel apartó definitivamente al materialismo filosófico del idealismo. No obstante, dentro de la ortodoxia marxista el materialismo histórico era una aplicación del materialismo dialéctico (Diamat), definido por Engels polémicamente (1878/1886) como una ciencia general de las leyes dialécticas del movimiento (la ley de la conversión de la cantidad en cualidad, la ley de
la interpenetración de los opuestos y la ley de la negación de la negación). Por encima de ese modelo de materialismo evolucionista y monista, que intentó dar cuenta de los avances de las ciencias naturales en el siglo XIX y que se impuso en la Unión Soviética con Stalin (1938), el materialismo de Marx estudiaba de manera científica la génesis y funcionamiento de las distintas sociedades históricas en su propio contexto.

Obras como La lucha de clases en Francia (1850) y El 18 de Brumario de Luis Bonaparte (1851) ilustran la distancia que hay entre esa práctica científica contextual e histórica y el determinismo economicista o el historicismo vulgar que habitualmente se le atribuye. El materialismo histórico es el aspecto más debatido del pensamiento marxista en el siglo XX, no sólo por parte de los autores marxistas que favorecen la visión materialista, como Lukács, Korsch, Labriola, Gramsci, S. Hook (1936) o Althusser, sino también entre sociólogos, antropólogos e historiadores no materialistas (Weber, Mannheim, Merton, Gouldner etc.). Una versión norteamericana que sigue de cerca las huellas del materialismo histórico, añadiendo componentes ecológicos, es el materialismo cultural de L. White (1959) y M. Harris.(1982).

Referencias

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